CONCEPTOS

¿Qué es canalizar, sino en cierta forma sembrar, compartir unas semillas cuyo contenido en realidad desconocemos?

Unas semillas cuyo origen desconocemos, cuyo objetivo desconocemos… Desconocemos también si el terreno en el que queremos sembrar, las personas a las que esos mensajes, esas semillas, van destinadas, son fértiles o estériles.

La canalización se basa en tres conceptos: Confianza, respeto y pureza.

  • Confianza, en que ese contenido que no conocemos es el adecuado, en el momento justo, para personas que no conocemos, para almas encarnadas que no conocemos, e incluso para almas no encarnadas que tampoco conocemos. La confianza en que el mensaje es el adecuado, el momento el necesario, las personas, las almas encarnadas y las almas también no encarnadas, las necesarias.
  • Respeto al mensaje, respeto a su forma, a su esencia, respeto a las personas, a las almas encarnadas y a las almas no encarnadas a las que va destinado. Respeto al canal en sí, a través del cual se transmite ese mensaje. Respeto a los guías que entregan el mensaje.
  • Pureza, mantener la pureza del mensaje, sin añadiduras, sin embellecimientos, sin modificaciones, sin acortarlo ni extenderlo respetando esa pureza, asegurando, manteniendo esa pureza.

Después de todo, la canalización no se basa en los conocimientos y creencias egoicas, sino en la capacidad de comunicar con lo trascendente. La capacidad de apartar nuestro ego, nuestra individualidad, nuestra identidad, para que fluya aquello que nos trasciende, aquello que forma parte de una realidad que no entendemos, no de forma íntegra, de un universo que no podemos percibir, experimentar, comprender, comunicar, compartir de forma íntegra, pues no tenemos las herramientas de comprensión, de comunicación y de expresión para hacerlo. No desde los egos.

El respeto al mensaje se basa también en la propia naturaleza del mensaje. Una naturaleza tripartita e indisoluble. Una naturaleza compuesta por:

  • La información destinada a nuestro ego consciente y no consciente, por la energía y por la vibración. La energía y la vibración que juntos, en cierta forma, conforman un río:
  • La energía como el volumen, la rapidez, la fuerza del agua que discurre.
  • La vibración como la calidad y cualidad de esa agua. Aquí algo que podríamos llamar su pureza, su origen, si arrastra elementos externos como el oro o el lodo, o si baja pura, si desciende de uno o de más afluentes, si es una mezcla o es procedente de una única fuente, si está contaminada o si no ha sido dañada por ningún elemento externo.

La canalización es ese mensaje compuesto por esa unidad tripartita, una unidad tripartita que se manifiesta de diversas formas. Una unidad tripartita que tiene en el ritmo uno de sus componentes, pues el ritmo de la canalización, el ritmo a veces reiterativo, a veces repetitivo, a veces rápido, otras veces lento, influye en la energía y en la vibración de ese mensaje, la energía y la vibración que acompañan a toda canalización, tenga la forma que tenga, incluso especialmente si está en forma escrita.

El ritmo que modifica esa energía, el ritmo que hace que la energía sea en cierta forma más brusca o más suave, más accesible o más inaccesible para los egos, y para lo que lo trasciende, pues la canalización nos habla siempre de unidad e integridad: Unidad e integridad en la propia canalización, pero unidad e integridad también hacia aquellos a los que va dirigido.

La canalización no afecta solo a nuestro ego. No afecta solo a nuestro ego consciente o no consciente, sino que su energía, su vibración, va también dirigida hacia aquello que somos a nivel espiritual, a nivel vibracional, a nivel energético.

Somos una unidad. No solo somos la parte corpórea, física o material: El cuerpo. No solo somos nuestra identidad, nuestra individualidad, nuestro ego ni en su parte consciente ni en su parte no consciente. Somos también, somos especialmente un alma, un ser eterno, un rostro eterno que en cierta forma se coloca una máscara de temporalidad, una máscara que porta durante breves décadas para después dejar a un lado.

La canalización va dirigida a nuestra unidad, a nuestra energía, a nuestra aura, a nuestros chakras, a nuestra verdadera y auténtica naturaleza espiritual y eterna. Y también va dirigida a nuestro aspecto egoico. Somos unidad, somos integridad, y la canalización se dirige a todo ello.

Por eso en la repetición encontramos un instrumento para llegar, para comunicar, para expresar aquello que tiene que ser expresado y comunicado, para que llegue de la mejor forma posible, de la más adecuada forma posible a las almas encarnadas y no encarnadas que en el camino del canalizador se encuentran mediante pactos de alma.

Y en la confianza y en el respeto, y en la pureza encontramos la verdadera naturaleza y esencia de una canalización, de cualquier mensaje canalizado compuesto por información, por vibración y por energía.

Unidad. Somos unidad. Unidad que se manifiesta en todo aquello que hacemos, todo aquello que decidimos y omitimos. Unidad.

El akasha es la energía que todo lo envuelve, que con todo interactúa y en todo se encuentra. Forma parte de todos nosotros, y da, en cierta forma, coherencia y unidad al universo.

Uno de los aspectos del akasha es aquello que muchos llaman registros akáshicos, entendidos como registro y memoria de todo aquello que hemos sido, somos y seremos. Una memoria viva y cambiante que enlaza las distintas encarnaciones vividas. Una memoria cuyo acceso, en ciertas ocasiones, nos es permitido siempre con el objetivo de sanar, limpiar y transmutar ese akasha individual que forma parte de nosotros. Acceder a lo que hemos sido nos permite sanar lo que somos y conocernos en mayor profundidad.

El viento es la expresión en el universo dual de la fuerza, el poder y la sabiduría del universo. El universo como continuación, reflejo y expansión de nuestra propia alma, de nuestro verdadero ser.
Nuestra alma en unidad con el universo que se manifiesta en aquello que llamamos suerte o casualidad, falsos nombres que hacen alusión a sincronías, ritmos y mecanismos que no comprendemos.
El viento es también la fuerza que hace que nuestros proyectos se vean impulsados o frenados. Que a veces hace que nuestro rumbo ,trazado desde el ego, se vea alterado y otras veces hace que ese rumbo se recorra con facilidad.
En el viento encontramos también retos, pruebas, momentos en los que se nos da la oportunidad de demostrar aquello que teóricamente conocemos y cómo lo hemos integrado en nuestra vida. Un viento, a veces suave, otras veces fuerte, pero siempre sabio, que se aleja de las consideraciones egoicas, para hablarnos de nuestra alma y del camino que ha trazado en este mundo dual. Un viento que nos habla de nuestra verdadera naturaleza, la eternidad.

¿Qué es la magia si no energía en movimiento?
Energía que nuestros actos, palabras, sentimientos y pensamientos dirigen.

El conocimiento de la Magia es el verdadero conocimiento de cómo la energía sigue a nuestra atención, concentración, intención y deseo.

Un conocimiento al que renunciamos cayendo en la irresponsabilidad de no estar atentos a aquello que nosotros mismos creamos constantemente, sorprendiéndonos luego por nuestras creaciones y derivando nuestra responsabilidad en otras manos y bocas, privándonos así del derecho, del privilegio y la obligación de ser verdaderos magos en nuestras vidas.

Magos co-creadores de nuestra realidad, magos en el sentido más auténtico de la palabra: Aquellos que dominan el arte de la co-creación.

Un arte, una capacidad, que nos es otorgada a todos, independientemente del uso que de él hagamos.