ENSEÑANZAS

Maestro de sombra. Maestro de luz.

Un maestro de sombra es toda aquella alma encarnada, o no encarnada que, desde el amor, en libertad y respeto, forja con mi propia alma un pacto de almas. Un pacto de almas mediante el cual me enseña, y es enseñado por mí. Un pacto de almas mediante el cual intercambiamos los roles de maestro y discípulo. Un pacto de almas mediante el cual me enseña acerca de una vibración o una energía concreta, pero me enseña desde el polo de la carencia de esa energía, de esa vibración. Si me enseña de amor, me enseña desde el polo de la carencia de amor. Si me enseña de respeto, me enseña desde el polo de la carencia de respeto. Si me enseña acerca de la tolerancia, me enseña desde el polo de la carencia de tolerancia.

Un maestro de luz es toda aquella alma encarnada, o no encarnada, que forja con mi alma un pacto de almas. Un pacto de almas mediante el cual me enseña y a su vez es enseñado por mí, intercambiando los roles de maestro y discípulo, acerca de una energía o vibración concretas, y lo hace desde el polo de la plenitud de esa energía, de esa vibración. Si me enseña acerca del amor me enseña desde el polo de la plenitud del amor. Si me enseña acerca de la tolerancia me enseña desde el polo de la plenitud de la tolerancia. Si me enseña acerca del respeto me enseña desde la plenitud del respeto.

Ambos son maestros en los que yo reflejo aquello que necesito aprender, aquello que necesito experimentar. En ambos casos un pacto de almas lleva a nuestro encuentro, conduce a nuestro encuentro. En ambos casos ambos somos maestros y ambos discípulos. Sin embargo, el maestro de sombras desde el amor, en libertad y respeto, me enseña acerca de una vibración, de una energía desde el polo de la carencia de esa vibración, de esa energía. Un maestro de luz me enseña desde el polo de la plenitud de esa energía o vibración. Así pues, un maestro de sombra, al igual que un maestro de luz, enseña desde el amor, en libertad y respeto, y ambos pueden enseñarme acerca de la misma vibración, acerca de la misma energía, sin embargo, lo hacen desde polos opuestos.

¿Qué es el odio sino la carencia de amor?

¿Qué es el amor sino la carencia de odio?

¿Qué es la luz sino la carencia de sombra?

¿Qué es la sombra sino la carencia de luz?

  • La verdadera maestría de un sanador no se forja en su capacidad para detectar, para ver, para manipular y controlar un campo energético. La verdadera maestría de un sanador no se forja en su capacidad para ver, para manipular, para dirigir la energía que recorre tanto el aura como el cuerpo físico. La verdadera maestría de un sanador no se forja en su capacidad para conectarse con los registros akáshicos, en la capacidad para ver el aura, en la capacidad para ver o sentir los chacras, los meridianos o los puntos energéticos de distinta naturaleza que puede activar. La verdadera maestría de un sanador se forja siempre, sin excepción, en el respeto; en el profundo respeto a su camino y al camino de aquellos que en un momento dado recurran a él.

El respeto es el más importante de los instrumentos que un sanador tiene a su disposición. El respeto es el más importante de los instrumentos que un sanador debe desarrollar, más allá de la capacidad para ver, detectar, sentir o presentir el aura, los campos energéticos, los chacras o los meridianos. Más allá de la capacidad para ver, sentir o presentir la verdadera raíz de aquello que vosotros llamáis síntomas o enfermedades físicas. Más allá de la capacidad para ver, sentir o presentir el origen de las incoherencias que se manifiestan en enfermedades, o en dolores, o en síntomas físicos. Más allá de la capacidad para ver, sentir o presentir cuál es el verdadero origen, en definitiva, de lo que vosotros llamáis enfermedad.

 Más allá de todo eso, la verdadera maestría de un sanador se desarrolla, se ejercita, se perfecciona en el respeto. El respeto al camino propio, y respeto al camino ajeno. El respeto hacia los caminos que nuestras almas trazan y que escapan al entendimiento de nuestros egos. El respeto profundo, inequívoco, eterno hacia el camino. El camino que nos lleva a la evolución, la evolución que da sentido a nuestra existencia, tanto a la existencia de nuestros egos, como a la existencia misma de nuestras almas. El respeto al camino, el respeto a la capacidad de recorrer ese camino en libertad viviendo las experiencias que nuestras almas y nuestros egos escogen. Viviendo las experiencias más allá de los juicios que nosotros hagamos, de las experiencias que los demás, entendiendo los demás como aquel ajeno a nosotros mismos, viven.

  • Somos unidad.
  • Respetar el camino ajeno es lo mismo que respetar el camino propio.
  • Somos unidad.
  • Soy unidad.

Un verdadero maestro permite que su discípulo aprenda, facilita su aprendizaje, le guía, le orienta, pero no le fuerza, no le controla ni le manipula para que recorra un camino en concreto.

Un verdadero maestro demuestra al discípulo que se puede recorrer un camino, sin embargo, deja que sea el propio discípulo el que descubra cómo, pues los pasos son distintos en cada caso, los pasos que sirvieron al maestro de nada sirven al discípulo. Los pies del maestro son distintos a los pies el discípulo.

pulvinar dapibus leo.

Principio de comprensión de la Realidad Afín

La Realidad Afín, es decir, aquella que nos circunda en un momento dado, es un reflejo de nuestro punto evolutivo, un reflejo de nuestra comprensión del mundo, un reflejo de nuestra comprensión íntima, de nuestra naturaleza y esencia. Un reflejo de nuestra comprensión, de aquello que somos. Un reflejo de nuestra comprensión, de aquello que vivimos, sentimos, y experimentamos en el transcurso de nuestra evolución.

Aquello que nos rodea, aquello que nos circunda, es espejo de nuestra comprensión de la realidad; una compresión íntimamente vinculada nuestro punto evolutivo.

Principio de comprensión de la realidad afín, entendida realidad afín como aquella realidad en la que nos proyectamos, aquella que nos circunda de forma más cercana y más íntima, aquella que se vincula a nosotros directamente, aquella que es más sensible a nuestra capacidad co-creadora, aquella en la que de forma más íntima nos vinculamos y expresamos nuestros verdaderos sentimientos, nuestros verdaderos pensamientos, nuestra verdadera capacidad co-creadora.

En esa realidad afín reflejamos la comprensión de tenemos de nosotros, y de nuestra vida, de nuestro mundo, de nuestros conceptos, del concepto de universo, del concepto de alma, del concepto del camino en sí mismo. Expresamos en nuestra realidad afín aquello que llevamos dentro, aquello que íntimamente queremos, aquello que pensamos, aquello que es nuestra naturaleza y esencia.

Yo no os perdono. Yo no os perdono. Yo no os perdono.
¿Y sabéis por qué no os perdono? Porque no os juzgo. Porque el perdón nace del juicio. El perdón nace del enjuiciamiento que conduce a la conclusión de que algo se hace, se dice, se omite, de forma incorrecta. El perdón nace del juicio, y el juicio nace de la sensación de ser superior, de ser capaz de determinar si lo que se hace, se hace de forma correcta o incorrecta; si lo que el otro hace, lo hace de forma correcta o incorrecta; si lo que yo hago, lo hago de forma correcta o incorrecta.

El perdón nace del juicio, y de la capacidad de culpar, y de esa capacidad de culpar, desde el punto de vista que da la superioridad, o la creencia de superioridad sobre los demás, nace también la capacidad de perdonar; de aquel que pudiendo castigar, no castiga; de aquel que enjuicia y llega a la conclusión de que algo se ha dicho, hecho, u omitido de forma incorrecta, y aun siendo capaz de castigar, aun teniendo derecho, o creyéndose con el derecho a castigar, no castiga. Eso es el perdón.
Yo no os perdono.
No os perdono, porque no os juzgo.
No os perdono, porque no soy quien para juzgar.
No os perdono, porque no se puede juzgar a un águila por volar, no se puede juzgar a un árbol por dar sombra, no se puede juzgar aquello que es natural a la evolución. Nada de malo hay en ello. Todo aquello que decís, todo aquello que hacéis, todo aquello que omitís, es natural a vuestro camino, a vuestra evolución. Nada de malo hay en ello, nada condenable, reprochable, nada criticable. Tampoco nada digno de elogio o recompensa, nada que merezca que os enaltezcan.

Yo no os perdono, pues no hay nada que perdonar, no hay nada que juzgar; simplemente todos y cada uno de nosotros seguimos el camino de la evolución.
Todos y cada uno de nosotros hacemos aquello que debemos hacer en nuestro camino. Todos y cada uno de nosotros realizamos aquello para lo que hemos venido a esta encarnación, a esta realidad dual.
Yo no os perdono, pues no os juzgo.
Yo no os perdono, pues en la unidad ninguno es juzgado.
Yo no os perdono, pues en la unidad nada es criticable, ni recompensable. Simplemente es, sin adjetivos, sin castigos ni recompensas, sin calificativos. Simplemente es.
Yo no os perdono, pues no os juzgo, pues hacéis aquello que corresponde a vuestra naturaleza, y nada de criticable puede haber en hacer aquello que corresponde a mi naturaleza interna, aquello que soy. No os castigo ni os recompenso, pues todos y cada uno de nosotros actuamos en función de nuestra naturaleza, y nada malo ni nada bueno hay en ello; simplemente es.

¿Qué es un pacto de almas si no el encuentro de aquellos que en un momento determinado unen su evolución en un punto del camino?

¿Qué es un pacto de almas si no el momento, entendido dentro del contexto espacio temporal, en el que vuestros egos creen, en el que dos almas colaboran de forma inequívoca para el mutuo avance, el mutuo desarrollo, para avanzar en el camino de la evolución de forma coordinada ayudándose mutuamente?

Antes de encarnar las almas en cierta forma planifican, planean, diseñan, aquello que ha de acontecer, aquellas vicisitudes, aquellas experiencias que en el camino encontrarán. Aquellas vicisitudes, aquellas experiencias que en el camino ellas mismas crean para su evolución y continuo aprendizaje.

A la hora de evolucionar todo se coordina. A la hora de evolucionar, de aprender, de experimentar todo aquello que debe ser experimentado para liberar las lecciones que tenemos que liberar, todo, absolutamente todo, se coordina.

La realidad se teje como se teje la tela de una araña, de forma coordinada, de forma imbricada entre uno y otro de tal forma que nada es aleatorio, que nada es casual, que nada se deja al azar.

Es cierto que vuestros egos son incapaces de ver la compleja telaraña que la realidad urde, es verdad que vuestros egos son incapaces de comprender todas aquellas circunstancias y verdaderas experiencias que a vuestro alrededor acontecen. Que son incapaces de comprender la verdadera realidad del mundo que os rodea, un mundo que es espejo de aquello que acontece dentro de vosotros. Sin embargo, el alma en su amor y sabiduría infinitos, sí es capaz de comprender, sí es capaz de crear, sí es capaz de diseñar y planificar aquello que ha de acontecer en el camino de esta realidad dual. En ese sentido las almas coordinan sus esfuerzos, para que las vivencias de uno y otros sean vividas de forma compenetrada, de forma coordinada, de forma que sirva a la evolución, al aprendizaje de todas aquellas almas, encarnadas o no, que están involucradas en esa vivencia.

En ese sentido, a la hora de vivir, de desarrollar una experiencia dentro de una energía determinada, siempre se coordinan las almas para que puedan vivir esa experiencia desde ambos polos de esa energía. Desde el polo del agresor, pero también desde el polo del agredido.

Cuando necesitamos vivir la experiencia de la energía de la agresión, necesitamos vivirla desde ambos polos, desde ambos lados por decirlo así. Colocarnos en ambos platillos de la balanza para que seamos capaces de experimentar todo aquello que acarrea, todas aquellas consecuencias, toda aquella experiencia en su integridad, de tal forma que seamos capaces de comprender de forma cierta, de forma verídica, de forma plena, de forma completa, todo aquello que acontece en torno a una energía. Así pues, en un momento dado necesitaré ser el agresor para comprender lo que significa ser agresor y vivir la experiencia la energía de la agresión desde ese punto de vista. Pero en otros momentos de mi evolución, en otros momentos de esta realidad encarnada, necesitaré vivirlo desde el polo del agredido, desde el polo de aquél que experimenta la agresión, desde aquel que experimenta esa energía de forma que podríamos llamar pasiva.

En ambos casos esa experiencia se coordina con otras almas que necesitan vivir esa energía también. Coordinamos, así pue,s nuestros papeles, coordinamos aquél que va a ser agresor y aquél que va a ser agredido, y nunca se deja ninguna experiencia a la aleatoriedad, a la casualidad, a aquello que no está diseñado ni planificado.

El mundo, la realidad física, la realidad espiritual, la realidad dual en la que nos movemos, se planifica de forma perfecta, se teje de forma que nada queda aleatorio, ningún hilo se coloca de forma aleatoria, ningún dibujo, ningún tapiz se teje de forma aleatoria.

Así pues, nos coordinamos antes de encarnar para que aquellas experiencias que tenemos que vivir, para que aquellas vivencias, para que aquellas lecciones que tenemos que liberar y desbloquear puedan ser vividas liberadas y desbloqueadas de forma perfecta, de forma coordinada entre las distintas almas encarnadas o no que participan en una experiencia.

Así pues, todo aquello que acontece, todo aquello que nos relaciona a unos y a otros, ha sido en cierta forma tejido por todos, ha sido en cierta forma diseñado, planificado en unidad, para que podamos vivir una experiencia desde la unidad, pero también desde la individualidad, desde ambos factores que deben ser tenidos en cuenta en un mundo dual. Y una vez más la unidad y la individualidad se unen en un mundo dual, en un mundo que es material, puramente material, y a la vez espiritual, puramente espiritual.

En ese sentido, una vez más, nuestras experiencias se coordinan para el mutuo aprendizaje y evolución de todos aquellos, de todas las almas encarnadas o no, que viven esa experiencia, que deben, que necesitan aprender y liberar esa lección.

¿Y sabéis por qué no os perdono? Porque no os juzgo. Porque el perdón nace del juicio. El perdón nace del enjuiciamiento que conduce a la conclusión de que algo se hace, se dice, se omite, de forma incorrecta. El perdón nace del juicio, y el juicio nace de la sensación de ser superior, de ser capaz de determinar si lo que se hace, se hace de forma correcta o incorrecta; si lo que el otro hace, lo hace de forma correcta o incorrecta; si lo que yo hago, lo hago de forma correcta o incorrecta.

El perdón nace del juicio, y de la capacidad de culpar, y de esa capacidad de culpar, desde el punto de vista que da la superioridad, o la creencia de superioridad sobre los demás, nace también la capacidad de perdonar; de aquel que pudiendo castigar, no castiga; de aquel que enjuicia y llega a la conclusión de que algo se ha dicho, hecho, u omitido de forma incorrecta, y aun siendo capaz de castigar, aun teniendo derecho, o creyéndose con el derecho a castigar, no castiga. Eso es el perdón.
Yo no os perdono.
No os perdono, porque no os juzgo.
No os perdono, porque no soy quien para juzgar.
No os perdono, porque no se puede juzgar a un águila por volar, no se puede juzgar a un árbol por dar sombra, no se puede juzgar aquello que es natural a la evolución. Nada de malo hay en ello. Todo aquello que decís, todo aquello que hacéis, todo aquello que omitís, es natural a vuestro camino, a vuestra evolución. Nada de malo hay en ello, nada condenable, reprochable, nada criticable. Tampoco nada digno de elogio o recompensa, nada que merezca que os enaltezcan.

Yo no os perdono, pues no hay nada que perdonar, no hay nada que juzgar; simplemente todos y cada uno de nosotros seguimos el camino de la evolución.
Todos y cada uno de nosotros hacemos aquello que debemos hacer en nuestro camino. Todos y cada uno de nosotros realizamos aquello para lo que hemos venido a esta encarnación, a esta realidad dual.
Yo no os perdono, pues no os juzgo.
Yo no os perdono, pues en la unidad ninguno es juzgado.
Yo no os perdono, pues en la unidad nada es criticable, ni recompensable. Simplemente es, sin adjetivos, sin castigos ni recompensas, sin calificativos. Simplemente es.
Yo no os perdono, pues no os juzgo, pues hacéis aquello que corresponde a vuestra naturaleza, y nada de criticable puede haber en hacer aquello que corresponde a mi naturaleza interna, aquello que soy. No os castigo ni os recompenso, pues todos y cada uno de nosotros actuamos en función de nuestra naturaleza, y nada malo ni nada bueno hay en ello; simplemente es.

¿Qué decir de aquellos que nos ofenden? ¡Amadlos!
¿Qué decir de aquellos que no nos aman? ¡Amadlos!
¿Qué decir de aquellos que omiten palabras o acciones que esperábamos? ¡Amadlos!
¡Amadlos! ¡Amadlos! ¡Amadlos!
Sólo aquel que ama sin límite, sólo aquel ama de forma correcta, sólo aquel que ama sin esperar nada a cambio, ama de forma correcta.
No es amor la acción mercantilista en la que yo te doy para que tú me quieras.

No es amor la acción mercantilista en la que yo te brindo mi cariño con la confianza de que tú a cambio me brindes el tuyo.
No es amor la acción mercantilista en la que mis gestos de sabiduría, de generosidad o de amor espero que sean correspondidos con gestos iguales o superiores.
Es amor el respeto a la continua evolución y aprendizaje de todos y cada uno de nosotros.

Es amor el respeto a la continua evolución y necesidad de experimentar que tienen nuestras almas, una necesidad que en cierta forma es un hambre insaciable y que nos lleva a la continua evolución, que nos lleva al continuo aprendizaje. Esa necesidad de experimentar, para la cual encarnamos, se plasma no sólo en gestos de cariño, si no también en palabras hoscas, sin embargo, el respeto y el amor hacia esas palabras que pueden ser hoscas o que pueden estar llenas de cariño, debe ser siempre ilimitado, debe ser siempre infinito.

Debemos comprender que todos y cada uno de nosotros estamos en el punto evolutivo más adecuado, que no tenemos nada que recriminarnos, que no tenemos nada que reprocharnos, pues hacemos aquello que por nuestra naturaleza y esencia tenemos que hacer en un momento dado.

¿Qué puedo pedir a mi prójimo, a aquél que en realidad soy yo mismo, sólo que mi ego nos distancia, nos posiciona de forma diferente, qué puedo pedirle si no que simplemente siga su camino?
Y sí, puede que en su camino, su ego ofenda al mío, pero tengo que ser capaz de comprender que desde un punto de vista superior al ego, no hay ofensa, si no simplemente experiencia. No hay herida, si no simplemente experiencia. No hay odio si no simplemente un amor eterno que se forja en las experiencias que compartimos juntos en el camino de la evolución.
Desde ese punto de vista ¿Qué puedo recriminar a aquél que camina su camino igual que camino yo el mío? No puedo recriminarle nada, ni nada puede ser recriminado a mí. Simplemente caminar mi camino desde el amor, en libertad y respeto, y esperar que los demás, pedir que los demás, hagan lo mismo.

Pues es en ese respeto hacia el camino propio y de los demás, aquellos que en un momento dado son ajenos a nosotros mismos desde el punto de vista del ego y que constituyen también parte de nosotros, igual que nosotros constituimos parte de ellos ¿Qué pedirles, si no que caminen su camino en respeto y libertad? ¿Qué pedirles, si no simplemente que hagan aquello que hago yo?

¿Qué es un pacto de almas si no el momento, entendido dentro del contexto espacio temporal, en el que vuestros egos creen, en el que dos almas colaboran de forma inequívoca para el mutuo avance, el mutuo desarrollo, para avanzar en el camino de la evolución de forma coordinada ayudándose mutuamente?

Antes de encarnar las almas en cierta forma planifican, planean, diseñan, aquello que ha de acontecer, aquellas vicisitudes, aquellas experiencias que en el camino encontrarán. Aquellas vicisitudes, aquellas experiencias que en el camino ellas mismas crean para su evolución y continuo aprendizaje.

A la hora de evolucionar todo se coordina. A la hora de evolucionar, de aprender, de experimentar todo aquello que debe ser experimentado para liberar las lecciones que tenemos que liberar, todo, absolutamente todo, se coordina.

La realidad se teje como se teje la tela de una araña, de forma coordinada, de forma imbricada entre uno y otro de tal forma que nada es aleatorio, que nada es casual, que nada se deja al azar.

Es cierto que vuestros egos son incapaces de ver la compleja telaraña que la realidad urde, es verdad que vuestros egos son incapaces de comprender todas aquellas circunstancias y verdaderas experiencias que a vuestro alrededor acontecen. Que son incapaces de comprender la verdadera realidad del mundo que os rodea, un mundo que es espejo de aquello que acontece dentro de vosotros. Sin embargo, el alma en su amor y sabiduría infinitos, sí es capaz de comprender, sí es capaz de crear, sí es capaz de diseñar y planificar aquello que ha de acontecer en el camino de esta realidad dual. En ese sentido las almas coordinan sus esfuerzos, para que las vivencias de uno y otros sean vividas de forma compenetrada, de forma coordinada, de forma que sirva a la evolución, al aprendizaje de todas aquellas almas, encarnadas o no, que están involucradas en esa vivencia.

En ese sentido, a la hora de vivir, de desarrollar una experiencia dentro de una energía determinada, siempre se coordinan las almas para que puedan vivir esa experiencia desde ambos polos de esa energía. Desde el polo del agresor, pero también desde el polo del agredido.

Cuando necesitamos vivir la experiencia de la energía de la agresión, necesitamos vivirla desde ambos polos, desde ambos lados por decirlo así. Colocarnos en ambos platillos de la balanza para que seamos capaces de experimentar todo aquello que acarrea, todas aquellas consecuencias, toda aquella experiencia en su integridad, de tal forma que seamos capaces de comprender de forma cierta, de forma verídica, de forma plena, de forma completa, todo aquello que acontece en torno a una energía. Así pues, en un momento dado necesitaré ser el agresor para comprender lo que significa ser agresor y vivir la experiencia la energía de la agresión desde ese punto de vista. Pero en otros momentos de mi evolución, en otros momentos de esta realidad encarnada, necesitaré vivirlo desde el polo del agredido, desde el polo de aquél que experimenta la agresión, desde aquel que experimenta esa energía de forma que podríamos llamar pasiva.

En ambos casos esa experiencia se coordina con otras almas que necesitan vivir esa energía también. Coordinamos, así pue,s nuestros papeles, coordinamos aquél que va a ser agresor y aquél que va a ser agredido, y nunca se deja ninguna experiencia a la aleatoriedad, a la casualidad, a aquello que no está diseñado ni planificado.

El mundo, la realidad física, la realidad espiritual, la realidad dual en la que nos movemos, se planifica de forma perfecta, se teje de forma que nada queda aleatorio, ningún hilo se coloca de forma aleatoria, ningún dibujo, ningún tapiz se teje de forma aleatoria.

Así pues, nos coordinamos antes de encarnar para que aquellas experiencias que tenemos que vivir, para que aquellas vivencias, para que aquellas lecciones que tenemos que liberar y desbloquear puedan ser vividas liberadas y desbloqueadas de forma perfecta, de forma coordinada entre las distintas almas encarnadas o no que participan en una experiencia.

Así pues, todo aquello que acontece, todo aquello que nos relaciona a unos y a otros, ha sido en cierta forma tejido por todos, ha sido en cierta forma diseñado, planificado en unidad, para que podamos vivir una experiencia desde la unidad, pero también desde la individualidad, desde ambos factores que deben ser tenidos en cuenta en un mundo dual. Y una vez más la unidad y la individualidad se unen en un mundo dual, en un mundo que es material, puramente material, y a la vez espiritual, puramente espiritual.

En ese sentido, una vez más, nuestras experiencias se coordinan para el mutuo aprendizaje y evolución de todos aquellos, de todas las almas encarnadas o no, que viven esa experiencia, que deben, que necesitan aprender y liberar esa lección.

¿Y sabéis por qué no os perdono? Porque no os juzgo. Porque el perdón nace del juicio. El perdón nace del enjuiciamiento que conduce a la conclusión de que algo se hace, se dice, se omite, de forma incorrecta. El perdón nace del juicio, y el juicio nace de la sensación de ser superior, de ser capaz de determinar si lo que se hace, se hace de forma correcta o incorrecta; si lo que el otro hace, lo hace de forma correcta o incorrecta; si lo que yo hago, lo hago de forma correcta o incorrecta.

El perdón nace del juicio, y de la capacidad de culpar, y de esa capacidad de culpar, desde el punto de vista que da la superioridad, o la creencia de superioridad sobre los demás, nace también la capacidad de perdonar; de aquel que pudiendo castigar, no castiga; de aquel que enjuicia y llega a la conclusión de que algo se ha dicho, hecho, u omitido de forma incorrecta, y aun siendo capaz de castigar, aun teniendo derecho, o creyéndose con el derecho a castigar, no castiga. Eso es el perdón.
Yo no os perdono.
No os perdono, porque no os juzgo.
No os perdono, porque no soy quien para juzgar.
No os perdono, porque no se puede juzgar a un águila por volar, no se puede juzgar a un árbol por dar sombra, no se puede juzgar aquello que es natural a la evolución. Nada de malo hay en ello. Todo aquello que decís, todo aquello que hacéis, todo aquello que omitís, es natural a vuestro camino, a vuestra evolución. Nada de malo hay en ello, nada condenable, reprochable, nada criticable. Tampoco nada digno de elogio o recompensa, nada que merezca que os enaltezcan.

Yo no os perdono, pues no hay nada que perdonar, no hay nada que juzgar; simplemente todos y cada uno de nosotros seguimos el camino de la evolución.
Todos y cada uno de nosotros hacemos aquello que debemos hacer en nuestro camino. Todos y cada uno de nosotros realizamos aquello para lo que hemos venido a esta encarnación, a esta realidad dual.
Yo no os perdono, pues no os juzgo.
Yo no os perdono, pues en la unidad ninguno es juzgado.
Yo no os perdono, pues en la unidad nada es criticable, ni recompensable. Simplemente es, sin adjetivos, sin castigos ni recompensas, sin calificativos. Simplemente es.
Yo no os perdono, pues no os juzgo, pues hacéis aquello que corresponde a vuestra naturaleza, y nada de criticable puede haber en hacer aquello que corresponde a mi naturaleza interna, aquello que soy. No os castigo ni os recompenso, pues todos y cada uno de nosotros actuamos en función de nuestra naturaleza, y nada malo ni nada bueno hay en ello; simplemente es.

Al fallecer, nuestro ego, nuestra identidad, no fallece, fallece nuestro cuerpo físico únicamente. El alma se encuentra así vestida, por decirlo de alguna forma, con la identidad que tenía en la vida física. Eso es lo que podríamos considerar como espíritu, sin embargo, esa identidad también tiene que quedar atrás.
Esa parte, esa limpieza, por llamarlo así, se realiza durante el tránsito. En el tránsito el espíritu, es decir, el alma revestida del ego de la identidad con la que vivió en su cuerpo físico, accede a lo que podríamos llamar un portal dimensional. Una vez ha accedido a este portal dimensional, accede a lo que podrían considerarse unas moradas. Una morada no es más, en realidad, que un estadío en el que el alma purifica, libera, aprende, se prepara para las próximas encarnaciones, hace lo que podríamos llamar un ejercicio de integración, un ejercicio de asimilación, de liberación, de todo aquello que experimentó, del dolor, del placer, de las vivencias buenas o malas, y también de aquella herencia que recibió por parte del linaje. Hace lo que podríamos considerar un ejercicio de autoevaluación, diseña, planifica aquello que va a hacer en su próxima encarnación. Se reúne con lo que podríamos considerar amigos, sabios. aliados, para planificar aquello que hizo, aquello que dejó de hacer, para corregir, (y cuando digo corregir no quiero que tengáis el concepto de error o equivocación pues es un concepto que viene del ego, si no simplemente para constatar aquellos hechos que tenía planificados y después no realizó), para ver también en qué forma su presencia, su existencia, dejó huella en los demás, a quien ayudó de una u otra forma, pues a veces ayudamos desde el amor y a veces ayudamos desde un acto de violencia. Hay que tener en cuenta que nuestras almas se alían, se piden mutuamente ayuda, algunas veces necesitamos ser verdugos y otras veces necesitamos ser víctimas para aprender.
En ese sentido las almas no lo ven como lo ven los egos, ellas saben, desde un punto de vista de sabiduría infinitamente superior al nuestro, que a veces detrás de un ejercicio de violencia, detrás de un enemigo, detrás de aquel que nos ocasiona un gran dolor ,o mejor dicho ocasiona un gran dolor al ego, hay una lección de extrema importancia. En ese sentido hay lo que podríamos llamar un ejercicio de autoevaluación, de resumen, de aprendizaje en el que nuestras almas aprenden pero también planifican aquello que va a acontecer.
En ese tránsito algunas de las almas, estando todavía en la forma del espíritu, estando todavía revestidas de su ego, quedan atrapadas. A veces quedan atrapadas por el amor a la familia, por la inquietud por el futuro de su hijo, de su padre, de su hermano. Otras veces por la avaricia o por emociones negativas, por la ira hacia como murió, a veces simplemente por el desconcierto, pues no termina de comprender en qué estado está ahora, no termina de deshacerse de la envoltura física, en cierta forma considerando que está vivo tal y como entendemos estar vivo desde un punto de vista físico, y por tanto considera que tiene que moverse, que desenvolverse en la vida como se desenvolvía antes, no termina de asimilar que su cuerpo físico, su sangre, su músculo, su hueso, todo aquello que nosotros llamamos cuerpo, ha fallecido.
En esos estados ese espíritu puede en cierta forma perderse o vagar, sin embargo, siempre es rescatado siempre hay un redentor.

El principio de Redención expresa el derecho de toda alma a buscar y encontrar la luz. El derecho de toda alma a que, sea cual sea su camino evolutivo, incluso un camino que desde el punto de vista del ego nos parezca involutivo en muchas ocasiones, podrá encontrar la luz, podrá unirse a la luz, podrá ser en la luz.

Redención significa que ningún alma queda atrás, ninguna alma es olvidada, todos los momentos del camino cobran sentido en la evolución, incluso aquellos que desde el punto de vista del ego consideramos pecados, incluso aquellos que desde el punto de vista del ego consideramos errores.

Redención significa también el derecho a seguir nuestro propio camino, sea cual sea, para encontrar la luz

Redención significa también que, pese a que en un momento dado nuestro camino abrace la sombra, o mejor dicho, gracias a que en un momento dado nuestro camino abraza la sombra, podremos seguir también nuestro camino hasta que lleguemos a la luz, y seamos en la luz. No olvidemos que la sombra forma parte del camino, no olvidemos que abrazar la sombra es abrazarnos a nosotros mismos en nuestra totalidad, aceptarnos según el principio femenino de la aceptación, para poder evolucionar hacia la luz.

Aunque la luz sea aquello hacia lo que tendemos, tenemos que respetar también la ley del equilibrio, y vivir las experiencias que la sombra tiene para nosotros, para que en la sombra, para que en la oscuridad, podamos conocernos completamente, en unidad, en complitud, no percibir solo aquellos aspectos de nosotros mismos que nuestro ego pueda considerar luminosos, sanos o elevados, si no al contrario, abrazar todo aquello que somos en su complejidad, en su unidad, para que nuestra evolución sea completa.

Evolución implica también cambio, evolución implica también progreso, evolución implica también sanar, iluminar aquello que necesita ser sanado, aquello que necesita ser equilibrado en la luz, aquello que necesita ser iluminado. En ese sentido, tenemos que abrazar todo aquello que somos, que hemos sido y que seremos, para conocernos en nuestra complitud, en nuestra complejidad y en nuestra unidad. En ese sentido, no podemos renunciar a ninguna parte de nosotros, pues esa renuncia equivale también a una negación de aquello que somos, y ningún alma debe negar aquello que debe experimentar, para poder evolucionar de forma completa, aquello que negamos nos es devuelto a nuestras experiencias, a nuestro camino una y otra vez, hasta que al final lo abrazamos, lo aceptamos de buena fe y lo integramos como parte de nosotros, de nuestro camino. Solo entonces podemos liberarnos de esa experiencia, sea cual sea, solo entonces nuestro camino puede seguir en equilibrio.

Esposo y mujer. Esencias que mutuamente se reflejan, esencias y naturalezas mutuamente interrelacionadas. Una de aparente superficialidad, otra de aparente profundidad.

Todo aquello que somos tiene esas dos caras, una superficialidad aparente y una profundidad también aparente. Sólo aparentes, pues ambas están interrelacionadas y tienen componentes, características, la una de la otra. Nada hay verdaderamente superficial en lo que nosotros consideramos superficialidad. Nada hay verdaderamente profundo en lo que nosotros consideramos profundidad, si no es mediante la interrelación de ambos conceptos, si no es mediante la interrelación del yin y el yang, de los dos polos: Positivo y negativo, que nos enseñan mediante su relación cómo debe recorrerse nuestro camino.

Debemos recorrer nuestro camino en equilibrio, en el equilibrio que sólo nosotros tenemos derecho a decidir, en el equilibrio que sólo nosotros tenemos derecho a sentir, en el equilibrio que sólo nosotros podemos detectar en el fluir del universo. Sólo nosotros tenemos el derecho a decidir cuál es el equilibrio en el que recorremos nuestro camino, cuál es el equilibrio entre la materialidad y la espiritualidad, entre el ego y el alma. Sólo nosotros, sin intervención de terceros, podemos decidir de qué forma recorrer nuestro camino, como acompasar los pasos de dos pies que en principio parecen opuestos, y sin embargo se interrelacionan y necesitan mutuamente.

Un camino que se recorre sólo con un pie es un camino en el que trastabillamos, es un camino en el que tropezamos de forma constante y recorremos sin soltura, sin alegría, sin verdadera sabiduría. En este camino ambas partes deben estar equilibradas en el punto que nosotros decidamos.

Nosotros somos el eje en torno al cual se equilibra la balanza. Nosotros somos el fiel en torno al cual los platillos de la balanza deben compensarse. En ese sentido, nosotros somos verdaderos amos absolutos de nuestro camino, sólo nosotros,  sin escuchar la intervención de terceros debemos decidir cómo recorrer nuestro camino, qué pie y en qué forma avanzará primero, qué pie le secundará, cómo apoyarlo, cómo evitar  tropezar, cómo lograr nuestras zancadas sean uniformes, de la longitud y velocidad deseadas, pues sólo nosotros en nuestro camino tenemos derecho a decidir aquello que acontece, sólo nosotros mediante la bendición del libre albedrío, estamos en la posesión de esa capacidad completa.

Redención significa que ningún alma queda atrás, ninguna alma es olvidada, todos los momentos del camino cobran sentido en la evolución, incluso aquellos que desde el punto de vista del ego consideramos pecados, incluso aquellos que desde el punto de vista del ego consideramos errores.

Redención significa también el derecho a seguir nuestro propio camino, sea cual sea, para encontrar la luz

Redención significa también que, pese a que en un momento dado nuestro camino abrace la sombra, o mejor dicho, gracias a que en un momento dado nuestro camino abraza la sombra, podremos seguir también nuestro camino hasta que lleguemos a la luz, y seamos en la luz. No olvidemos que la sombra forma parte del camino, no olvidemos que abrazar la sombra es abrazarnos a nosotros mismos en nuestra totalidad, aceptarnos según el principio femenino de la aceptación, para poder evolucionar hacia la luz.

Aunque la luz sea aquello hacia lo que tendemos, tenemos que respetar también la ley del equilibrio, y vivir las experiencias que la sombra tiene para nosotros, para que en la sombra, para que en la oscuridad, podamos conocernos completamente, en unidad, en complitud, no percibir solo aquellos aspectos de nosotros mismos que nuestro ego pueda considerar luminosos, sanos o elevados, si no al contrario, abrazar todo aquello que somos en su complejidad, en su unidad, para que nuestra evolución sea completa.

Evolución implica también cambio, evolución implica también progreso, evolución implica también sanar, iluminar aquello que necesita ser sanado, aquello que necesita ser equilibrado en la luz, aquello que necesita ser iluminado. En ese sentido, tenemos que abrazar todo aquello que somos, que hemos sido y que seremos, para conocernos en nuestra complitud, en nuestra complejidad y en nuestra unidad. En ese sentido, no podemos renunciar a ninguna parte de nosotros, pues esa renuncia equivale también a una negación de aquello que somos, y ningún alma debe negar aquello que debe experimentar, para poder evolucionar de forma completa, aquello que negamos nos es devuelto a nuestras experiencias, a nuestro camino una y otra vez, hasta que al final lo abrazamos, lo aceptamos de buena fe y lo integramos como parte de nosotros, de nuestro camino. Solo entonces podemos liberarnos de esa experiencia, sea cual sea, solo entonces nuestro camino puede seguir en equilibrio.

¿Cuál es el verdadero significado del karma si no el aprendizaje constante, si no observar en el espejo de las consecuencias la verdadera naturaleza de nuestros actos?

¿Cuál es su verdadera esencia y naturaleza si no el comprendernos a nosotros mismos reflejados en el espejo del universo?

El karma es eso. El karma es aprendizaje, pero también es espejo. Espejo en el que ver las consecuencias que nuestros actos han tenido, nuestras omisiones, (pues la omisión en sí también es un acto), nuestras palabras y nuestros silencios, nuestros sentimientos, todo aquello que en un momento dado constituye el recorrer de nuestro camino, el caminar a nuestro estilo, a nuestra manera, bajo nuestra propia responsabilidad, bajo nuestro libre albedrío.

El karma no es más que el espejo tendido por el universo que nos da a conocer la verdadera naturaleza y esencia de aquello que somos, en nuestros actos, en nuestras palabras, en nuestras omisiones, en nuestros sentimientos. Veremos aquellas lecciones que tenemos que aprender, aquellas sombras que hay que liberar y aquellos puntos en los que la luz es más fuerte.

En ese sentido el karma tiene que vivirse sin castigos ni recompensas, sin culpabilidades ni triunfos, pues todo eso es obra del ego. Tiene que vivirse cómo lo que es, como un camino de aprendizaje unido a nosotros eternamente. Unido en cada paso del camino, en cada sonrisa, en cada mano tendida, pero también en cada lágrima, en cada mano rechazada.

En ese sentido, el karma como gran maestro nos ayuda a recorrer nuestro camino con mayor sabiduría, pero siempre sin culpabilidades ni miedos y tampoco sin regocijos en la recompensa, pues todo eso es fruto del ego.

¿Qué es la canalización sino la capacidad de reencontrarse con uno mismo?

¿Qué es la canalización sino la capacidad de escuchar nuestra propia voz?

La voz que en el día a día muchas veces se pierde en el continuo ruido del ego. La voz de nuestro auténtico yo, del que permanece, del que continúa, del que nace en la esencia del padre-madre creador y en la esencia del padre-madre creador vuelve.

¿Qué es la canalización sino la capacidad de acceder a nuestra verdadera naturaleza y esencia?

En la canalización nos reencontramos, volvemos a la fuente, al origen, a aquello que en un momento dado fuimos, somos y seremos, donde el tiempo y el espacio no existen como tal, no bajo la percepción que el ego tiene. En la canalización escuchamos nuestra voz y en algunos casos también escuchamos la voz de nuestros maestros, guías, hermanos, aquellos que en un momento dado se vinculan a nosotros, unidos por el amor, la sabiduría, la luz y el compromiso de servicio, a aquellos que comparten su camino con nosotros.

El camino se recorre en soledad y en silencio, pero también, en ocasiones, recibimos las manos tendidas de aquellos que, respetando nuestro libro albedrío, nuestro camino, y el derecho innato a nuestra naturaleza, de recorrerlo en soledad y en silencio, nos ayudan desde el respeto, desde el amor, desde la sabiduría y desde la luz.

Nadie recorre nuestro camino por nosotros, solo nosotros tenemos ese privilegio, ese derecho, esa responsabilidad y esa obligación. Pero también es cierto que el universo nos ayuda, nos ayuda reflejando nuestra propia sabiduría en otras voces, voces que llegan a nosotros con mayor nitidez, en ocasiones, que la nuestra propia. Esos maestros, esos guías, esos hermanos ascendidos en la luz, son reflejo de nuestra sabiduría, recordándonos aquello que ya sabemos, recordándonos que en el universo hay muchas voces más allá de nuestro ego, recordándonos que no estamos solos en nuestro camino, aunque lo recorramos en soledad, pues las decisiones son nuestras, los pasos son nuestros y las piedras y flores del camino son sólo nuestras. Sin embargo, nadie es abandonado a su suerte, nadie es abandonado, nadie es dejado atrás.

En ese sentido, el canalizador realiza la misión de ser espejo de aquel al que canaliza, aquel al que envía un mensaje, aquel que escucha el mensaje. El ente canalizado como ser que se mueve en otra esfera, en otra realidad, en distintas realidades, según vuestra comprensión del ego, es una herramienta al servicio de aquel que en un momento dado es canalizado, de aquel que en un momento dado consulta, de aquel que en un momento dado pregunta al universo aquello que ya tiene la respuesta en su interior. En ese sentido nada se dice que no sepamos, simplemente se nos recuerda lo que en un momento dado ya tenemos en nuestro interior, lo que albergamos en nuestra verdadera naturaleza y esencia.

Los maestros realizan la labor de ajustarse al canal, realizan la labor en cierta forma, de integrar aquello que son, con aquello que es el canal, de acercar sus naturalezas, de compenetrarse hasta el punto de que el canal pueda transmitir aquello que momento dado debe ser transmitido con la mayor pureza posible. Esa es la única misión del canal, la transmisión, el no ser, el no interferir, el no tergiversar, el no añadir ni restar nada a esa información, el ser testigo fiel y mudo de aquello que ocurre, de aquello que acontece. Es misión del canal simplemente dejar que su propia naturaleza siga su camino, apartar el ego y dejar que aquello que es en esencia, responda ante el requerimiento del universo.

 Es misión de la voz que trasciende al canal, informar de todo aquello que necesita ser informado al consultante, al canalizado, pues canalizado es en realidad aquel que escucha, no aquella voz que es prestada como fuente de sabiduría. En muchas ocasiones vosotros llamáis ente canalizado al maestro, al guía, al espíritu o ente espiritual, que en un momento dado hace su aparición como maestro, como voz que refleja la sabiduría del propio oyente. Para nosotros, el ente canalizado es siempre el oyente, el consultante, aquel que en un momento dado recurre a una herramienta que es espejo suyo para reflejar su propia sabiduría.

Es en ese sentido, una concepción distinta a la de vuestro ego, sin embargo independientemente de estas palabras, independientemente de estos conceptos, la realidad es la misma, sólo somos, como maestros, como guías, como hermanos ascendidos, un reflejo de aquello que en un momento dado ya poseéis, no es nuestra misión alterar vuestro camino, no es nuestra misión tenderos manos que os alejen de él. Es nuestra misión, simple y llanamente, recordaros cuál es vuestro verdadero camino, cuál es el camino que vuestros pies decidieron caminar, las experiencias que decidieron vivir y las lecciones de aprendizaje que decidieron adquirir, pues es la evolución la meta última de todo camino, y en esa evolución somos herramientas, nada más, no somos un objetivo, no somos aquello que importa, sólo somos un accesorio que en determinado momento os sirve para recordaros vuestro propio camino.

 No busquéis en nosotros alguien que os exima de la responsabilidad de andar el camino, no busquéis en nosotros alguien que os exima de las consecuencias que vuestros propios actos, palabras y omisiones tienen. Sólo somos consejeros, sólo recordamos aquello que ya sabéis.

 Enfocad vuestra vida desde el punto de vista de la responsabilidad, el amor infinito y la sabiduría, y desde ese punto de vista recorred vuestro propio camino, con sus piedras, con sus flores, con sus valles, con sus montañas y con sus distintos paisajes, y nosotros estaremos siempre tendiendo nuestra mano para ayudaros en el camino, pero nunca para apartaros de él, ni para recorrerlo en vuestro lugar. Tened en cuenta que es vuestro compromiso, vuestro derecho, vuestra obligación, vuestra responsabilidad y vuestro privilegio, sobre todo, recorrer vuestro propio camino, vivir vuestras experiencias de sabiduría, crecer, llenaros de luz en vuestra evolución.

 Es vuestro camino, no el nuestro.

Nosotros como consejeros sólo somos el cayado del ermitaño, sólo somos esa linterna que en un momento dado alumbra el camino que parece oscuro. Un camino, sin embargo, que vuestros ojos son capaces de ver por sí mismos. Pero mientras vuestros ojos recuerdan esa característica que tienen, esa peculiar capacidad, pueden recurrir a una linterna, a un cayado que afiance sus pasos, a instrumentos que os ayuden a caminar. En ese sentido os servimos, en ese sentido nada más, estamos a vuestra disposición.

Es nuestro trabajo también compaginar nuestra naturaleza con la naturaleza del canal, y eso es lo que hacemos, preparamos al canal durante distintas vidas, en sucesivas reencarnaciones, llegamos a él en sueños, en momentos de ensoñación, en lo que vosotros llamaríais despistes, para permitir que los hemisferios cerebrales se acoplen de distinta manera, para permitir que su naturaleza y esencia brote  más allá del cuerpo y la sangre, del músculo y la carne, más allá del corazón que bombea, para permitir que pueda escuchar aquello que está en su interior, para permitir que pueda sintonizar en cierta forma, la vibración en la que los maestros, guías ascendidos, o hermanos en la luz , nos movemos en un momento dado.

Este trabajo de compaginar ambas naturalezas y esencias, la nuestra y la del canal, es en cierta forma el trabajo de acople de un eje y la maquinaria. Somos como un reloj, nosotros somos la maquinaria, él el eje y vosotros veréis moverse las agujas, aunque no comprendáis de todo el mecanismo que oculta el reloj. En ese sentido el eje tiene que ser puro, tiene que transmitir sin interferir aquella información que es dada, tiene que transmitir sin interferir, sin quitar y sin añadir, aquello que en un momento dado el universo os regala, pues es un regalo que el universo os hace y es un regalo que vosotros os hacéis a vosotros mismos. 

La sabiduría siempre, siempre es en cierta forma un regalo, un regalo aunque se paga, se paga en valor, se paga en sacrificio, se paga también en momentos en los que nuestra propia naturaleza y esencia aflora, apartando el ego, en esos momentos el ego se rebela, el ego que no entiende pero sin embargo tiene una gran capacidad, un gran deseo, y una gran necesidad para el control, el control férreo, el control que ahoga, que anula los instintos, el control que anula aquello en realidad somos, que intenta taponar la fuente de sabiduría de nuestra verdadera naturaleza y esencia. El ego en el control encuentra calma, pues cree que el control le aleja de aquello que le provoca miedo, que le provoca incertidumbre, que le provoca inseguridad, no  entiende que no existe el control, no entiende que debemos dejar fluir,  no entiende que sólo unas manos son capaces de guiarnos a buen puerto, y esas manos son las nuestras, pero no las nuestras de nuestro ego, sino las nuestras de nuestra verdadera naturaleza y esencia, aquella que fluye con el fluir del universo,  aquella que se mueve entre las sombras y las luces de nuestro camino, aquella que aflora para guiarnos por nuestro verdadero camino, alejándonos de los deseos y caprichos que en un momento dado el ego tiende a nuestros pies, para que caminemos sobre lo que parece una alfombra, suave, cómoda y que en realidad esconde la más ponzoñosa de las trampas, el más artero de los engaños y ardides. Es, en ese sentido, el camino del ego un camino lleno de trampas, es un camino que tiende la oscuridad donde debería haber luz. Sea pues la luz que nosotros arrojamos una forma de descubrir esas trampas del ego, sea pues la luz que vosotros mismos os dais a través de nosotros, una forma de descubrir los ardides, las trampas, los engaños, que el ego tiende en vuestro camino, intentando hacer que vuestro camino verdadero se distorsione y os aleje de aquel que era el camino, mediante las trampas y ardides que el ego tiende.

¿Cómo olvidar al mejor compañero, al más fiel aliado, al más sabio de los maestros?

¿Cómo olvidar a aquel que se levanta de la cama por la mañana con nosotros y por la noche se acuesta a nuestro lado?

¿Cómo olvidar a nuestro centinela, a nuestro amigo, al viento que impulsa nuestras alas y la mano que acaricia nuestro timón, al ancla que se arroja y nos ancla en las calas, mecidos por las olas y, todo ello, sin imponer nada, todo ello, con el máximo respeto a nuestro libre albedrío?

Todo ello, ayudándonos como guía, como amigo, como maestro, como mentor, en la búsqueda de nuestro verdadero camino.

El ángel de la guarda, que nos es asignado con pleno consentimiento nuestro antes de encarnar, y nos acompaña más allá del tránsito en lo que nosotros llamamos muerte, es sin lugar a dudas uno de nuestros mayores aliados en nuestro camino, en nuestro verdadero camino, en el camino de la creación de nuestra alma.

El ángel de la guarda cumple distintas funciones: es nuestro guía, nuestro protector. Protector, a veces, frente a lo que podíamos llamar entes del bajo astral, aquellos que según las tradiciones son demonios, diablos, parásitos energéticos, o simplemente, ante todo aquello que en cierta forma nos agrede o nos ataca. También es defensa nuestra. Defensa frente a los que, encarnados como nosotros, en un momento dado puedan interponerse en nuestro verdadero camino, pero siempre con el máximo respeto al libre albedrío. También es nuestro guía y nuestro aliado en aquellos momentos en los que la vida sin darnos apenas cuenta, nos tiende una mano. Allí está nuestro ángel de la guarda. En los pequeños detalles, en las ayudas cotidianas, en esas pequeñas casualidades sin sentido aparente, que nos encaminan en la dirección correcta, en ese pequeño viento que nos empuja, en ese pequeño rayo de sol que nos alumbra.  

Allí está nuestro ángel de la guarda. En ese hueco que encontramos para aparcar o en la sonrisa de un niño que nos alegra el día. Ahí está nuestro ángel de la guarda. En los pequeños detalles que hacen que el día más duro sea soportable, ahí está nuestro ángel de la guarda. En el desvío del camino, esa voz que retumba dentro de nosotros como si fuera nuestra conciencia, pero ligeramente distinta.

Ahí está nuestro ángel de la guarda. Llevándonos siempre con nuestro permiso de forma suave y sutil hacia nuestro verdadero camino, protegiéndonos de aquello que algunos llaman envidia, celos, ira u odio, distintos pecados para una misma energía negativa.

Ahí está nuestro ángel de la guarda, reforzándonos en las cortas decisiones para seguir nuestro auténtico camino.

Ahí está nuestro ángel de la guarda, siendo nuestro centinela nocturno y nuestro guía diurno, acompañándonos cuando nuestra alma sale de nuestro cuerpo físico y emprende su viaje astral.

Ahí está nuestro ángel de la guarda. Muchas veces ignorado, siempre presente.

Ahí está nuestro ángel de la guarda. Guiándonos en el mundo onírico, en el mundo de los sueños, permitiéndonos realizar aquellas misiones que nos han sido encomendadas, ayudándonos a llegar a aquellos sitios, si es que la palabra sitio tiene algún sentido en este mundo, donde nuestra alma quiere ir, guiándonos como una brújula, escudándonos frente a los distintos ataques que el día a día hace presentes, sonriéndonos, ayudándonos y  también, por qué no decirlo, evitando a veces que nuestras propias decisiones tengan demasiada severidad en sus repercusiones, siendo la mano suave que enseña, la mano suave que nos es tendida, pero nunca la mano suave que nos aleja de nuestro propio camino, pues siempre es máximo el respeto que el ángel de la guarda tiene hacia nuestras decisiones y nuestro libre albedrío, lo cual no es óbice, no es problema, para que sea siempre una mano amiga que nos ayuda a seguir en nuestro propio camino.

Hay que diferenciar, pues es muy importante, la ayuda sutil que nos ayuda a seguir nuestro propio camino, de la influencia hostil que nos aparta de él. Esa es la primera lección que todo ángel de la guarda conoce, y a esa lección dedica el máximo de sus respetos, pues un ángel de la guarda siempre tiene encomendada la guía y la ayuda en nuestro verdadero camino. Nunca la de alejarnos de él. Nunca, bajo ningún concepto, viola nuestro libre albedrío, aun cuando conculque la decisión de seguir un determinado camino alejándonos de él. Incluso en ese caso, nuestro libre albedrío prevalece.

 Sí que es cierto, sin embargo, que el ángel de la guarda puede, en cierta forma, recordarnos cuál es nuestro verdadero camino, aquel camino del que en un momento dado nuestro ego nos aleja. En ese sentido, muchos son los ardides que tiene un ángel de la guarda para actuar de forma que nosotros consideramos indirecta, a veces casual, muchas veces sin darnos cuenta, pero siempre está presente: En la mano amiga, en el grito de advertencia que no sabemos de dónde procede pero evita un accidente, o en ese ligero toque que nos hace volver a prestar atención al volante cuando nos habíamos despistado, o en la voz que retumba dentro nuestro para recordarnos algo que habíamos olvidado.

Ahí está presente nuestro ángel de la guarda. Una voz que a veces confundimos con la conciencia, una voz cuyo origen a veces desconocemos, una voz que aunque está presente en religiones y tradiciones esotéricas, no se le da la verdadera importancia que tiene. A veces menospreciamos y subestimamos el verdadero papel de nuestro mejor amigo, de nuestro más fiel aliado, de nuestro mejor acompañante, de un auténtico maestro, sin embargo, en cierta forma tímido, pues pocas veces se hace presente de forma notoria. Modesto, pues no se hace valer en todo lo que sabe y en todo lo que vale.

Humilde, pues no se enorgullece de la gran misión que desempeña a lo largo de, no sólo nuestra vida, no sólo a lo largo de nuestras sucesivas vidas, si no todo el continuo desarrollo de nuestra alma. Sabio, pues distingue aquello que nos conviene y en la práctica lo pone. Un gran maestro, un gran amigo, un gran aliado. El mejor de ellos en muchas ocasiones. Un ángel de la guarda es una bendición, una ayuda inestimable que Padre y Madre creadores puso a nuestra disposición, con un amor incondicional, con una lealtad infinita, siempre dispuesto a ayudarnos en nuestro camino.

El ángel de la guarda, que emprende el camino físico junto a nosotros, él en forma etérea, pero siempre junto a nosotros en nuestro camino físico, antes de él incluso, después de él incluso, nos acompaña de forma constante. Nunca se aparta de nuestro lado. Es verdad que para no conculcar la libertad que tenemos, el libre albedrío, a veces omite una acción o una palabra, pero sabe que lo hace por amor, por sabiduría, por permitirnos experimentar aquello que debe ser experimentado. Y sin embargo tiene también la suficiente sabiduría para saber cuándo debe interponer su mano, de forma suave, sin forzar nuestro camino, simplemente con una caricia que guía el timón de nuestro barco en la dirección correcta, alejándonos de los peligrosos acantilados o de los insondables peligros que a veces la vida oculta. La vida es como el océano: procelosa, profunda, a veces parece tranquila y esconde grandes corrientes, otras veces se alborota y se convierte en  una tempestad, en un maremoto de proporciones inimaginables.

Siempre a nuestro lado está este fiel timonel, o más bien, esta sombra que siempre permanece al lado nuestro y que de forma discreta nos ayuda guiándonos con su luz, con su sabiduría y también, muchas veces con una simple sonrisa, pues la sonrisa es muchas veces la mejor de las guías, la sonrisa en la cara de un niño, la sonrisa tierna en la cara de la madre, la sonrisa amorosa en la cara del padre. Todo eso y mucho más es un reflejo de nuestro ángel de la guarda, que nos indica con leves señales, con pequeños giros del destino, cuál es nuestro mejor camino, el camino elegido, el camino correcto, el camino que deberíamos seguir y del cual nuestro ego a veces nos aparta.

Gracias ángel de la guarda por todo aquello que derramas sobre nosotros, por tanta sabiduría bondad y amor, por tanto, coraje, por tanta alegría, y por todos y cada uno de los actos y omisiones que realizaste a nuestro favor. Gracias por ellos y perdona que a veces seamos tan inconscientes de tu trabajo.

Sin embargo, en tu humildad, en tu amor, en tu sabiduría, encontramos nuestro regocijo.

Gracias, ángel de la guarda, gracias por tu compañía.

El Akhasa es la memoria viva, latiente, de todos y cada uno de nosotros, de todas y cada una de las almas que en un momento dado han encarnado en la tierra, pero también de todas y cada una de las almas que en un momento dado han vagado por ella, en forma corpórea o incorpórea, de  todos y cada uno de los entes espirituales que en un momento dado han venido a desarrollar una labor en la Tierra, de todos y cada uno de los maestros, guías, gurús que han vivido, de los santos y de los pecadores, en definitiva, de todos nosotros.

En el Akhasa encontraremos aquello que fuimos, aquello que somos y aquello que pudiéramos llegar a ser. Potencialidades sí, pero hechos también. Encontraremos respuestas a muchas de nuestras preguntas, aunque otras queden desdibujadas, pues algunas respuestas no estamos preparados todavía para obtenerlas.

No debemos aspirar a encontrar más conocimiento del que en un momento dado merezcamos. Sí debemos aspirar a encontrar aquello que merezcamos en el camino, pues sólo la justicia encontraremos en el camino, sólo encontraremos aquellas respuestas que nos merezcamos, aquellas respuestas que necesitemos y aquellas respuestas que sean adecuadas para nosotros, para nuestro momento de consciencia y nuestra vida, para nuestras sensaciones, nuestras percepciones, y el conocimiento que en un momento dado debemos adquirir.

Encontramos en el Akhasa una herramienta de desarrollo fundamental, el verdadero conocimiento, no sólo de una encarnación, si no de toda una sucesión de encarnaciones unidas por un hilo de plata, aquello que en definitiva somos, aquello que en definitiva hemos sido, y aquello que en definitiva pudiéramos llegar a ser, todo fundido en un concepto que desafía vuestra comprensión del tiempo, pues es una comprensión falsa.

Tenéis que tener en cuenta que el Akhasa trasciende. Trasciende no sólo el concepto de espacio-tiempo si no también el de personalidad o ego, tenéis que tener en cuenta que el Akhasa es un reflejo de vuestra verdadera naturaleza, de la naturaleza eterna, atemporal que sois, sin principio y sin fin, pues sois en el ser supremo que nos ha creado y el ser supremo es en vosotros, en ese sentido la fuente, como fuente única de sabiduría , de conocimiento, de amor, de experiencia y  de vida, está dentro de vosotros, forma parte de vuestra naturaleza,  y vosotros a su vez, formáis parte de la suya propia,  y por tanto sois atemporales, no  conocéis el pasado, el presente y el futuro tal y cómo lo conocen vuestros egos. Tenéis la capacidad de vivir una y otra vez, de experimentar una y otra vez aquello que necesita ser vivido y experimentado para llegar a las lecciones que os permitirán extraer las conclusiones que os conduzcan a la sabiduría, y la sabiduría a la evolución.

Es en la evolución donde encontramos la verdadera meta y objetivo de aquello que en un momento dado vivimos. Es en la evolución donde encontramos el verdadero objetivo del Akhasa, de la existencia en sí misma de una memoria infinita, incomprensible en términos humanos, de todo aquello que ha sido vivido en esta Tierra, en esta dimensión, en este mundo

Existen otros planetas, otras dimensiones y otros mundos que están imbricados en vuestra realidad. Es cierto que desde el punto de vista físico no tenéis la capacidad de adquirir esos conocimientos, de adquirir esas percepciones de forma completa, pero algunos de vosotros intuís ya en este momento su mera existencia.

Quizás no comprendáis todo aquello que trasciende, quizás no comprendáis todo aquello que es en realidad, pero si comprendéis la existencia de mucho más de lo que vuestros sentidos físicos perciben.

Algunos de vosotros en vuestras intuiciones y percepciones sois capaces de ver a través de vuestros sentidos, que podríamos llamar paralelos, aquello que en cierta forma se desarrolla en cierta forma más allá del velo, el velo que constituye la realidad física, el velo que algunos de vosotros podéis cortar, muchos más de los que creéis podéis rasgar ese velo, sin embargo, otros se niegan, se niegan porque no están en el momento adecuado de su evolución por tanto nada hay que recriminar. Estarán en ese punto de ruptura cuando deban estar, ni antes ni después, pues todos y cada uno de nosotros seguimos nuestro propio camino a nuestra manera, con nuestras lecciones y a nuestro ritmo, en ese sentido nada hay que recriminar a nadie. Sed ante todo comprensivos y permisivos con los demás y con vosotros mismos. Nadie debe juzgar y nadie debe ser juzgado.

El Akhasa no es juicio, el Akhasa no es crítica, el Akhasa no enjuicia aquello que hicimos en un momento dado sino que es simplemente un fiel testigo, un fiel testigo de lo que en un momento dado fuimos capaces de hacer en beneficio de nosotros mismos y de la humanidad, actos que nuestros egos calificarán como buenos o malos, pero que son juicios del ego nada más, y que por tanto deben ser desechados.

El Akhasa es comprensión, el Akhasa es conocimiento y sabiduría,  el Akhasa es las vivencia de todos y cada uno de nosotros , de  nuestras almas en libertad recorriendo su camino.

El Akhasa es principalmente la fuente de conocimiento primordial que tenéis en esta dimensión, en este planeta. Sed conscientes de que esa biblioteca está a vuestro servicio, de que nada hay que temer en ella, de que ningún mal se oculta detrás de sus gruesos volúmenes, sólo se oculta aquello que sois, y nadie debe temer aquello que es, pues somos con luces y sombras aquello que deseamos ser. En nuestro camino, en nuestra evolución las sombras y las luces bailan un baile eterno, un baile en el que el aprendizaje forma parte fundamental, el eje que vertebra ese baile.  En ese sentido, todos somos pecadores y todos somos santos, todos somos valientes y todos somos cobardes, todos somos víctimas y verdugos.

Es importante que al Akhasa entremos limpios de los juicios y los prejuicios que el ego hace pues en el Akhasa no hay juicio, no hay enjuiciamiento ni hay prejuicio, sólo hay verdad, y en la verdad encontramos desarrollo, encontramos evolución y encontramos, sobre todo, libertad. La libertad que nos hace dueños de nuestro propio camino y también responsables de nuestros propios actos, de nuestras omisiones y de nuestras palabras. Es en esa libertad como debemos vivir el Akhasa, en la responsabilidad de que el camino lo recorremos por nosotros mismos siendo coherentes con nuestra naturaleza y esencia. Y es en esa naturaleza, en esa esencia y en esa coherencia, en la que encontramos la mejor y única forma de recorrer correctamente este camino. Tened en cuenta que forma parte de nuestra naturaleza y esencia vivir experiencias de distintos grados y distintos niveles, vivir la luz, pero también vivir la oscuridad, para comprender, para amar y para integrar ambas partes del que es un único camino.

¿Qué sentido tiene el camino?

Siempre nos preguntamos cuál es la meta última, nuestro destino, qué gran objetivo o misión hemos traído en esta encarnación.

Esas preguntas, sin embargo, no se formulan de la forma más adecuada, siempre se formulan buscando un sentido para nuestra vida, buscando un sentido para nuestro camino, pero en la búsqueda de ese sentido nos olvidamos de lo más importante del camino, la atención a los pequeños detalles, la atención a cada inhalación y cada exhalación, la atención a cada momento vivido en plena forma, de forma consciente, de forma coherente con nosotros, con aquello que somos.

Cada paso del camino debe ser un paso consciente, debe ser un paso coherente con nuestra naturaleza y esencia, debe ser un paso que refleje aquello que somos en un momento dado. Debemos apartar, si no olvidar, la búsqueda de ese mítico fin, de ese mítico objetivo, de esa mítica misión de vida y centrarnos en el presente, en lo que somos ahora, en lo que somos en un momento dado, y en los anhelos y esperanzas que nuestra alma nos transmite, pues son verdadera guía de aquello que podemos llegar a ser. No debemos de olvidar que la ceguera de la meta, la ceguera de esa gran misión, de ese gran objetivo que nos vincula de forma constante toda la vida, muchas veces es una trampa del ego, tendida simple y llanamente para despistarnos, para que descuidemos en un momento dado cada paso del camino, cada inhalación y cada exhalación.

Es cierto que todos de alguna forma, tenemos una misión predominante en la vida, pero es cierto también que esa misión se revela cuando es el momento oportuno, no antes. Si esa misión constituye una forma de pasión, o de distracción incluso de cada paso que doy en el camino, de cada inhalación y cada exhalación, de cada minuto y cada segundo que recorro el camino de la forma más adecuada posible, si eso es para nosotros esa meta, ese fin, ese gran objetivo, no constituye una ayuda si no más bien un entorpecimiento, una prueba que superar, y por tanto una muestra de las sombras que en un momento dado albergamos en nuestro interior.

Debemos renunciar a una búsqueda que no tiene sentido más allá de las carencias del propio ego, debemos centrarnos en el minuto vivido, debemos centrarnos en el minuto que vivo, en el camino  que recorro, en cada paso, en cada sombra y en cada luz que encuentro en mi camino, y esa gran misión, ese gran objetivo nos será revelado sólo si debe sernos revelado, sólo si es el momento más adecuado, pero, cuando nos venga revelado, cuando por fin entendamos esa gran misión veremos que no es tan importante, veremos que lo importante es cada paso del camino, cada inhalación y cada exhalación, cada momento que vivo, cada momento vivido, cada sombra y cada luz que encuentro en el camino, y la meta al fin y al  cabo, es sólo una parte del camino, nada más.